Imag Constitución

fff

fff

aaa

bill_rights_b.jpg

Considerando que los Lores espirituales y temporales y los Comunes reunidos en Westminster, representando legal, plena y libremente a todos los estamentos del pueblo de este reino presentaron el 13 de febrero del año de NS de 1688, a Sus Majestades, entonces conocidas con los nombres y títulos de Guillermo y María, príncipes de Orange, una declaración escrita, redactada por los mencionados Lores y Comunes en los siguientes términos:

I. Considerando que el fallecido Jacobo ll, con la ayuda de malos consejeros, jueces y ministros nombrados por el, se esforzó en subvertir y proscribir la religión protestante, y las leyes y libertades de este Reino:

1.Usurpando y ejerciendo el poder de dispensar de las leyes y aplazar su entrada en vigor y su cumplimiento, sin el consentimiento del Parlamento.

2.Encarcelando y procesando a varios prelados que, respetuosamente, le solicitaron que les excusara de prestar su consentimiento a la usurpación de este poder.

3.Ideando y patrocinando la creación, bajo la autoridad del Gran Sello, de un Tribunal, denominado Tribunal de Delegados para las causas eclesiásticas.

4.Cobrando, en beneficio de la Corona, ciertos tributos, bajo la excusa de una supuesta prerrogativa, para otros períodos y en forma distinta de la que habían sido votados por el Parlamento.

5.Reclutando y manteniendo, dentro de las fronteras del Reino y en tiempo de paz, un ejército permanente, sin consentimiento del Parlamento, y alistando en él a personas declaradas inhabilitadas.

6.Ordenando que muchos buenos ciudadanos protestantes fueran desarmados, mientras que los papistas eran armados y empleados con finalidades contrarias a la ley.

7.Violando la libertad de elegir a los miembros del Parlamento.

8.Acusando ante el Tribunal Real por delitos para cuyo conocimiento era únicamente competente el Parlamento, y celebrando otros procesos ilegales y arbitrarios.

9.Considerando que en los últimos años personas corrompidas, partidistas e inhabilitadas han sido elegidas y han formado parte de jurados y que, especialmente, personas que no eran propietarios libres han intervenido como jurados en procesos por alta traición.

10.Que se han exigido fianzas excesivas a personas sujetas a procedimientos penales, para no conceder los beneficios contenidos en las leyes relativas a la libertad de las personas.

11.Que se han impuesto multas excesivas.

12.Que se han aplicado castigos ilegales y crueles.

13.Y que se han hecho concesiones y promesas del importe de las multas y confiscaciones, antes de que se hubieran obtenido las pruebas necesarias o la condena de las personas a las que se iban a aplicar estas penas.

Todo lo cual es total y directamente contrario a las leyes, ordenanzas y libertades de este Reino.

Y considerando que habiendo abdicado el difunto rey Jacobo ll, y habiendo quedado por ello vacantes el gobierno y el trono, Su Alteza el príncipe de Orange (a quien Dios Todopoderoso ha querido convertir en el glorioso instrumento que librara a este Reino del papismo y el poder arbitrario) ha hecho enviar, por consejo de los Lores espirituales y temporales y de varios miembros destacados de los Comunes, cartas a los Lores espirituales y temporales protestantes, y a los diferentes condados, ciudades, universidades, burgos y a los cinco puertos, para que eligieran a las personas que les representarían en el Parlamento que se debía reunir en Westminster el 22 de enero de 1688, con el objeto de acordar lo necesario para que su religión, leyes y libertades no volvieran, en lo sucesivo, a correr el peligro de ser destruidas, y habiéndose celebrado elecciones de acuerdo con las cartas citadas.

En estas circunstancias, los mencionados Lores espirituales y temporales y los Comunes, hoy reunidos en virtud de sus cartas y elecciones, y constituyendo la plena y libre representación de esta nación, examinando los mejores medios para alcanzar los fines indicados declaran, en primer lugar, como han hecho en casos semejantes sus antepasados, para defender y asegurar sus antiguos derechos y libertades:

1. Que el pretendido poder de suspender las leyes y la aplicación de las mismas, en virtud de la autoridad real y sin el consentimiento del Parlamento, es ilegal.

2. Que el pretendido poder de dispensar de las leyes o de su aplicación en virtud de la autoridad real, en la forma en que ha sido usurpado y ejercido en el pasado, es ilegal.

3. Que la comisión para erigir el último Tribunal de causas eclesiásticas y las demás comisiones y tribunales de la misma naturaleza son ilegales y perniciosos.

4. Que toda cobranza de impuesto en beneficio de la Corona, o para su uso, so pretexto de la prerrogativa real, sin consentimiento del Parlamento, por un período de tiempo más largo o en forma distinta de la que ha sido autorizada. es ilegal.

5. Que es un derecho de los súbditos presentar peticiones al Rey, siendo ilegal toda prisión o procesamiento de los peticionarios.

6. Que el reclutamiento o mantenimiento de un ejército, dentro de las fronteras del Reino en tiempo de paz, sin la autorización del Parlamento, son contrarios a la ley.

7. Que todos los súbditos protestantes pueden poseer armas para su defensa. de acuerdo con sus circunstancias particulares y en la forma que autorizan las leyes.

8. Que las elecciones de los miembros del Parlamento deben ser libres.

9. Que las libertades de expresión, discusión y actuación en el Parlamento no pueden ser juzgadas ni investigadas por otro Tribunal que el Parlamento.

10. Que no se deben exigir fianzas exageradas, ni imponerse multas excesivas ni aplicarse castigos crueles ni desacostumbrados.

11. Que las listas de los jurados deben confeccionarse, y éstos ser elegidos, en buena y debida forma, y aquellas deben notificarse, y que los jurados que decidan la suerte de las personas en procesos de alta traición deberán ser propietarios.

12. Que todas las condonaciones y promesas sobre multas y confiscaciones hechas a otras personas, antes de la sentencia, son ilegales y nulas.

13. Y que, para remediar todas estas quejas, y para conseguir la modificación, aprobación y mantenimiento de las leyes, el Parlamento debe reunirse con frecuencia.

Reclaman, piden e insisten en todas y cada una de las peticiones hechas, como libertades indiscutibles, y solicitan que las declaraciones, juicios, actos o procedimientos, que han sido enumerados y realizados en perjuicio del pueblo, no puedan, en lo sucesivo, servir de precedente o ejemplo.

Hacen esta petición de sus derechos, particularmente animados por la declaración de S. A. R. el príncipe de Orange, que los considera el único medio de obtener completo conocimiento y garantía de los mismos respecto de la situación anteriormente existente.

Por todo ello tienen la completa confianza de que S. A. R el príncipe de Orange terminará la liberación del Reino, ya tan avanzada gracias a él, y que impedirá, en lo sucesivo, la violación de los derechos y libertades antes enumerados, así como cualquier otro ataque contra la religión, derechos y libertades.

II. Los mencionados Lores espirituales y temporales y los Comunes, reunidos en Westminster, resuelven que Guillermo y María, príncipe y princesa de Orange, son y sean declarados, respectivamente, rey y reina de Inglaterra, Francia e Irlanda y de los dominios que a ellas pertenecen, para detentar la Corona y Dignidad Real de dichos Reinos y dominios para ellos, el dicho Príncipe y Princesa, durante sus vidas y la vida del sobreviviente de ellos, y que el único y pleno ejercicio del Poder Real, sea solamente ejecutado por el dicho Príncipe de Orange en los nombres de los dichos Príncipe y Princesa durante sus vidas comunes, y después de sus decesos, dicha Corona y Dignidad Real de los dichos Reinos y dominios, estarán los herederos del cuerpo de la dicha Princesa y a la falta de tal descendencia, en la Princesa Ana de Dinamarca y en los herederos de su cuerpo, y a la falta de tal descendencia, en los herederos del cuerpo de dicho Príncipe de Orange. Y los Señores (Lores) espirituales y temporales, y Comunes, ruegan a los dichos Príncipe y Princesa aceptar los mismos en esa forma.

III. Y que los juramentos en adelante mencionados sean tomados a todas las personas a las cuales actualmente puedan exigirse juramentos de lealtad y supremacía, en lugar de ellos, y que los dichos juramentos de lealtad y supremacía sean abrogados.

“Yo, A.B., juro que de corazón aborrezco, detesto y abjuro, como impía y herética, la condenable doctrina y posición según la cual los príncipes excomulgados y privados por el Papa o por cualquier autoridad de la Sede Romana puedan ser depuestos o asesinados por sus súbditos o de alguna otra cualquiera manera. Y declaro que ningún extranjero, príncipe, persona, prelado, Estado o potentado tiene o debe tener ninguna jurisdicción, poder, superioridad, preeminencia o autoridad, eclesiástica o espiritual, dentro de este Reino. Si así lo hiciere, Dios me ayude”.

IV. Hecho lo cual sus dichas Majestades aceptaron la Corona y Dignidad Real de los Reinos de Inglaterra, Francia e Irlanda y de los dominios pertenecientes a ellas, de acuerdo con la resolución y deseo de los dichos Señores (Lores), y Comunes, contenidos en dicha declaración. 

V. Y con esto sus Majestades quedaron satisfechas de que dichos Señores (Lores), espirituales y temporales, y Comunes, constituyendo las dos Cámaras del Parlamento, debían continuar en sesión, y con la concurrencia de sus Reales Majestades, hacer efectiva provisión para el establecimiento de las leyes de religión y libertades de este Reino, de manera que las mismas en el futuro no queden de nuevo en peligro de ser subvertidas. A lo cual los dichos Señores (Lores), espirituales y temporales, y Comunes, asistieron y procedieron a actuar en consecuencia. 

VI. Ahora, en cumplimiento de lo anterior, los dichos Señores (Lores), espirituales y temporales, y Comunes, reunidos en Parlamento para la ratificación, confirmación, y establecimiento de la dicha declaración y los artículos, cláusulas, materias y cosas contenidas en ellos por la fuerza de una ley promulgada en debida forma por autoridad del Parlamento, ruegan que sea declarado y promulgado que todos y cada uno de los derechos y libertades afirmadas y proclamados en dicha declaración son los verdaderos antiguos e indubitados derechos y libertades del pueblo de este Reino y así será estimado, permitido, juzgado, supuesto y tenido por verdadero, y que todas y cada una de las materias antedichas serán firme y estrictamente mantenidas y observadas, como lo son expresamente en la dicha declaración, y todos los funcionarios y ministros cuales quiera servirán a sus majestades y a sus sucesores de acuerdo con las mismas, en todos los tiempos por venir. 

VII. Y los dichos Señores (Lores), espirituales y temporales, y Comunes, considerando seriamente cuánto había agradado a Dios Todopoderoso en su Maravillosa Providencia y misericordiosa bondad hacia esta Nación, asistir y preservar a dichas sus Majestades y Personas Reales, para que reinaran felicísimamente sobre nosotros desde el trono de sus ancestros, para lo cual ellos les entregan lo hondo de sus corazones, sus humildísimas gracias y alabanzas. Verdadera, firme y seguramente y en la sinceridad de sus corazones piensan y por las presentes reconocen y declaran que el Rey Jacobo II, habiendo abdicado el Gobierno, y sus Majestades habiendo aceptado la Corona y Dignidad Real, como antes dicho, dichas sus Majestades, se hicieron, fueron y de derecho deben ser por las leyes de este Reino nuestros Soberanos Rey y Reina de Inglaterra, Francia e Irlanda y de los dominios pertenecientes a ella, en cuyas principescas personas el Real Estado, Corona y Dignidad de los dichos Reinos, con todos los Honores, Títulos, Regalías, Prerrogativas, Poderes, Jurisdicciones y Autoridades pertenecientes a los mismos, son muy rectamente y eternamente investidos e incorporados, unidos y anexados. 

VIII. Y para prevenir toda cuestión y división en este Reino, por razón de cualesquiera pretendidos títulos a la Corona para preservar una certeza en la sucesión de la misma, y en sobre la cual bajo Dios descansan la unidad, paz, tranquilidad y seguridad de esta Nación, los dichos Señores (Lores), espirituales y temporales, y Comunes, suplican a sus Majestades que se promulgue, establezca y declare que la Corona y Gobierno Real de los dichos Reinos y dominios, con todas y cada una de las anteriores materias que les pertenecen, pertenece y continuará perteneciendo a dichas Majestades y al sobreviviente de ellos, durante sus vidas y la vida del sobreviviente de ellos, y que el entero, perfecto y completo ejercicio del poder real y del Gobierno residirá únicamente en y será ejecutado por su Majestad en los nombres de ambas Majestades durante sus vidas comunes, y después de sus decesos las dichas Corona y materias anteriores serán y permanecerán en los herederos del cuerpo de su Majestad, y en defecto de tal descendencia, en su Alteza Real la Princesa Ana de Dinamarca y en los herederos de su cuerpo, y en defecto de tal descendencia, en los herederos del cuerpo de su dicha Majestad.

Y en seguida los Señores (Lores), espirituales y temporales, y Comunes, en el nombre de todo el pueblo antes dicho, muy humilde y fielmente se someten a sus herederos y posteridades para siempre fielmente prometen que mantendrán y defenderán a sus dichas Majestades y también la limitación y sucesión de la Corona aquí especificada y contenida, hasta el límite de sus poderes y con sus vidas y haciendas contra toda persona cualquiera que intente cosa alguna en contrario.

IX. Y por cuanto ha sido establecido por la experiencia que es inconsistente con la seguridad y bienestar de este Reino Protestante ser gobernado por un príncipe Papista o por algún Rey o Reina que se case con un Papista, los dichos Señores (Lores), espirituales y temporales, y Comunes, ruegan además que se promulgue a toda y cualquier persona que es o sean o serán reconciliadas o que comulguen en la Sede o Iglesia de Roma o que profesen la religión Papista, o que se casen con un Papista, serán excluidas y serán por siempre incapaces de heredar, poseer o gozar la Corona y Gobierno de este Reino y de Irlanda y los dominios pertenecientes a ellos o de ninguna parte de ellos, o de tener uso o ejercer ningún real poder, autoridad o jurisdicción dentro del mismo, y en todos o cualesquiera de dichos caso o casos, el pueblo de estos Reinos será y es por las presentes absuelto de su lealtad. Y la dicha Corona y Gobierno, de tiempo en tiempo, descenderá y será disfrutado por la persona o personas que sean Protestantes y que hubieran heredado y disfrutado del mismo en caso que dicha persona o personas así reconciliadas, que comulguen o que profesen o se casen como antes se ha dicho, hubieren muerto naturalmente. 

X. Y que todo Rey o Reina de este Reino que, en cualquier tiempo en el futuro, llegue y suceda a la Corona Imperial de este Reino, en el primer día de la sesión del primer Parlamento siguiente a su llegada a la Corona, sentado o sentada en su trono en la Cámara de los Pares, en presencia de los Señores (Lores), espirituales y temporales, y Comunes allí reunidos o al tiempo de su coronación ante la persona o personas que administren el juramento de coronación a él o a ella, al tiempo de prestar tal juramento (si esto ocurriere antes), suscribirán una audible repetición de la declaración mencionada en la ley promulgada en el trigésimo año del reinado del Rey Carlos II, titulada Ley para la más efectiva preservación de la Persona y Gobierno del Rey, que inhabilita a los Papistas para sentarse en cualquier Cámara del Parlamento. Pero si ocurriere que tal Rey o Reina, al tiempo de su sucesión a la Corona de este Reino, tuviere menos de 12 años, entonces tal Rey o Reina hará suscribir y audiblemente repetir tal declaración al tiempo de su coronación o el primer día de la sesión del primer Parlamento, como antes se ha dicho, cualesquiera de estos hechos que ocurra primero, después que tal Rey o Reina haya alcanzado la dicha edad de doce años. 

XI. Por lo cual sus Majestades estarán contentos y agradados de que sea declarado, promulgado y establecido por autoridad del presente Parlamento y permanecerá y será la ley de este Reino para siempre, y las mismas son por sus dichas Majestades por y con el consejo y consentimiento de los Señores (Lores), espirituales y temporales, y Comunes, reunidos en Parlamento y por la autoridad de los mismos, declarados promulgados y establecidos.

XII. Y sea además declarado y promulgado por la autoridad antes dicha, que desde y después de la presente sesión del Parlamento, ninguna dispensación por “non obstante”, de y para cualquier ley o cualquier parte de ella, será permitida, sino que la misma será tenida por nula y sin efecto, salvo que la dispensa sea permitida en tal ley y excepto en tales casos que sean especialmente previstos por una o más leyes aprobadas durante la presente sesión del Parlamento.

XIII. Pero ninguna carta o garantía de perdón otorgada antes del vigésimo tercer día de octubre del año de Nuestro Señor 1689 será de ningún modo impugnada o invalidada por esta ley, sino que la misma es y queda en la misma fuerza y efecto en derecho, como si esta ley nunca hubiera sido promulgada.