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El presidente Andrés Manuel López Obrador ha cumplido su primer año de gobierno. Se han hecho muchas valoraciones de este periodo. Quisiera yo analizar las reformas constitucionales que se han producido este año. 

El presidente López Obrados ha promulgado seis decretos de reforma constitucional. Los mismos que Enrique Peña Nieto en su primer año. Pero menos que los diez que promulgó Felipe Calderón Hinojosa. Y muchos más que el único que promulgó Vicente Fox. 

Si lo comparamos con mandatarios del pasado, podemos decir que ya ha reformado más la constitución que lo que hicieron en todo su periodo los presidentes Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Adolfo Ruiz Cortines. Es más, en solo un año ha promulgado más decretos reformatorios que lo que hicieron juntos Álvaro Obregón, Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Adolfo Ruiz Cortines. 

Habrá que ver el número de decretos al final del sexenio, para ver si supera a Felipe Calderón, quien llegó a promulgar 38, seguido de Enrique Peña con veintisiete y Ernesto Zedillo con dieciocho. 

Si consideramos los artículos, hasta el momento veintiuno han sido objeto de reformas: los arts. 2º (2 reformas), 3º, 4º, 10, 15, 19, 21, 22, 31 (2 reformas), 35 (2 reformas), 36, 41, 52, 53, 56, 73 (3 reformas), 76, 78, 89, 94 y el 115. Eso significa que se ha cambiado el 15% de la Constitución. Por poner una comparativa, en todo el sexenio de Enrique Peña Nieto se modificó el 54% de los artículos constitucionales. 

Considerando que hay reformas que solo tocan un párrafo y otras más, hay que decir que se han tocado sesenta y nueve párrafos, entre los que han sido derogados, reformados y adicionados. 

Todos estos son datos numéricos. Habría que realizar un análisis material de las reformas. Pero eso es complicado, pues han abarcado temas muy diversos. Desde la educación hasta la prisión preventiva oficiosa. Desde la equidad de género hasta la Guardia Nacional. Habría que hacer análisis particulares de cada una. 

Lo que sí puede decirse es que se ha seguido la tendencia de los últimos cuarenta años, de llenar la Constitución de cosas que no debería tratar un texto fundamental, y que deberían estar reguladas en leyes secundarias, como pueden ser los conocimientos que deben impartirse en la educación básica.