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1.                B) ¿Quién hace la Constitución? Analizada la noción de Constitución, surge la pregunta que titula este apartado. La respuesta a tal cuestión es sencilla: el Poder Constituyente. Esta es un concepto ligado al de soberanía, al de facultad de autogobierno que tienen los pueblos. Como tal, debe vincularse el Poder Constituyente a su titular que no es otra más que el pueblo. Así pues, el pueblo soberano es el que hace la Constitución.  
 
2.                La figura de Poder Constituyente debe distinguirse de la de poderes constituidos. El primero es el que elabora el texto constitucional y los segundos son los que surgen de la Constitución. Entre unos y otros está de por medio el texto constitucional: uno lo crea y los otros son creados por ésta.
 
3.                Siendo el pueblo soberano el que detenta el poder constituyente, surge el problema de cómo van a elaborar un texto tantas personas. Sería una labor imposible que cien millones de personas se pusieran de acuerdo para establecer un texto. Por ello, el pueblo debe elegir a unos representantes para que elaboren la Constitución. Estos representantes se constituirán en un Congreso Constituyente.
 
4.                Ante el dilema de a quiénes elegir como representantes populares para integrar el Congreso Constituyente, una primera solución que podría pensarse es la de utilizar a los que ya han sido electos, a los integrantes del órgano legislativo. Sin embargo, esta solución no es conveniente puesto que los mismos velarán exclusivamente por los intereses del legislativo, dándole mayores potestades que a los otros poderes. Por eso, es mejor elegir a nuevos representantes para el citado Congreso.
 
5.                Una vez electo el Congreso Constituyente, ante la dificultad de poner a tantas personas de acuerdo, suele nombrarse una comisión redactora que propone un proyecto de Constitución, mismo que debe ser discutido por el Pleno del Congreso. En efecto, es más sencillo manifestarse a favor o en contra de un artículo y proponer cambios, que proponer desde cero una redacción.  
 
6.                Una vez que el Congreso Constituyente aprueba un texto constitucional, es común que el mismo sea sometido a referendo del pueblo, pues ellos son los que detentan la soberanía. De esta forma, una Constitución lograría tener mayor legitimación democrática.
 
7.                Conviene apuntar que el Congreso Constituyente, a pesar de tener la representación popular, no es omnipotente. Estos congresos se encuentran limitados. Dentro de las limitantes hay que señalar, en primer lugar, la de hacer una Constitución. En efecto, si tienen el mandato de hacer un texto constitucional no pueden rehuir a esa tarea. En segundo lugar, están limitados en cuanto deben de establecer límites al poder a través de los derechos humanos y de la división de poderes pues, de no hacerlo, no harían una Constitución. En tercer lugar, no pueden gobernar. Los Congresos Constituyentes deben hacer un texto que sirva de base para gobernar, pero no pueden efectuar ellos mismos esa labor, pues por esencia están destinados a desaparecer sólo a fijar bases. En cuarto lugar, tendrán los límites que deriven de los factores reales de poder. El ejército, las televisoras, las iglesias, etc., pugnarán por determinados contenidos que condicionarán la actuación del Congreso. Finalmente, tienen la limitante de la experiencia internacional. No pueden cerrarse a fenómenos y tendencias que ocurran en otras naciones, ni pueden desconocer tratados que vinculan a todo el Estado.
 
8.                C) Modificación constitucional. Una vez que un pueblo se da una Constitución, la misma puede ser modificada. En efecto, como estableció el artículo 28 de la Constitución francesa de 1793, “un pueblo tiene siempre el derecho de revisar, reformar y cambiar su Constitución. Una generación no puede someter a sus leyes a las generaciones futuras”.
 
9.                Siendo las generaciones vivas las titulares de la soberanía, éstas pueden modificar en todo tiempo su Constitución.
 
10.           La modificación constitucional puede ser tanto material como formal. La material, también llamada mutación, implica un cambio en el entendimiento del texto, pero sin modificar éste. La formal implica un cambio en el texto.
 
11.           Las mutaciones constitucionales pueden ser de tres tipos: legislativa, jurisprudencial y social. La legislativa implica un cambio en una ley que supone un cambio en el entendimiento constitucional. Un ejemplo sería el juicio político, previsto en el artículo 110 constitucional por “violaciones graves a la Constitución”. Si se cambia la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos que regula los casos de violaciones graves a la Constitución, se cambia el entendimiento constitucional aunque no varíe el texto.
 
12.           La mutación jurisprudencial implica un cambio en la interpretación que hacen los jueces del texto constitucional. Así, si la Constitución habla de “inviolabilidad del domicilio” y por éste se entiende el domicilio particular, pero los jueces entienden que es cualquier lugar en el que se encuentre una persona, el alcance constitucional cambia aunque no varíe el texto.
 
13.           La mutación social implica cambios en la realidad que implican una lectura diferente de la Constitución. Un texto constitucional que previera el derecho a la salud hace ochenta años no podría contener el derecho a la vacunación, como sí lo implica hoy en día, producto de los avances médicos. No ha variado el texto, solo el contexto.
 
14.           La modificación formal se traduce en las técnicas de reforma constitucional. Las Constituciones deben prever un mecanismo para ser reformada, y el mismo debe de ser más complejo que el de las leyes ordinarias, para que la misma sea rígida, cuestión que actualmente algunos exigen para que pueda ser una norma suprema. Este varía de país a país.
 
15.           Algunas Constituciones establecen algunos límites a su reforma. En ciertos casos se prevé que la misma no puede modificarse en determinados periodos. Ejemplo sería el establecimiento de un lapso de tiempo desde su publicación en el que no puede variarse, o su irreformabilidad en periodos de guerra o crisis. En otros casos se establece que determinadas instituciones no pueden ser modificadas. A éstas se les llama cláusulas pétreas. Un ejemplo es Italia, en donde no puede modificarse la forma republicana de gobierno.